Publicado por Alejandro Marticorena el 3 Diciembre, 2015

En lo relativo a salud y cómo las tecnologías pueden ayudarnos a cuidarla… no sólo de apps vive el hombre. O la mujer.

Y esto viene a colación porque, más allá de que nuestro compañero Ignacio Forciniti publicó dos posts bajo el título “Un panorama de las mejores aplicaciones móviles para cuidar nuestra salud” (parte I, y parte II), lo cierto es que Internet es pródiga en contenidos relacionados con la salud, sus cuidados, las enfermedades, los tratamientos, y un largo etcétera.

Ahora bien: si hablamos de superabundancia de información contenida en millones de páginas web tenemos que decir también, nobleza obliga, que muchas veces la calidad y fiabilidad de muchos de los contenidos sobre salud que están al alcance de un click no son precisamente de los más “celebrados” por la comunidad médica.

Toda información relacionada con salud disponible en Internet presenta un beneficio pero a la vez un riesgo. El beneficio es, justamente, su libre disponibilidad. Pero eso es a la vez un riesgo, y al menos por dos motivos.

El primero, porque el ser humano tiende a ser “cómodo”. Y para muchas personas es mucho más cómodo consultar una página web… que a su médico, lo cual implica pedir un turno, esperar varios días, asistir al consultorio, esperar a ser atendido, etcétera. Y siempre (huelga decirlo) es preferible la palabra del médico que sabe cuál es nuestra dolencia particular y, quizás, conoce nuestra historia clínica… antes que una página web que ofrece información generalizada a un público indeterminado y heterogéneo.

Y en segundo lugar porque mucha de la información disponible en la web no cuenta con la supervisión (y por lo tanto, menos aún con el aval) de profesionales de la medicina. Y puede tratarse de información poco precisa, inexacta o, directamente, falsa.

Wikicardio, en el corazón del saber

Sin embargo, una iniciativa argentina podría ser el puntapié inicial para cambiar este estado de cosas, al menos en lo relacionado con la cardiología.

En efecto, hoy se supo que la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) desarrolló una enciclopedia online multimedia sobre asuntos cardiológicos que cuenta con la supervisión y el aval de esa entidad.

Esa enciclopedia se llama Wikicardio y “contiene información basada en evidencia científica, ilustrada con imágenes que facilitan la comprensión de temas como factores de riesgo, medidas de prevención, síntomas, estudios de diagnóstico, medicamentos, enfermedades y tratamientos, entre otros“, según se informa aquí.

En este video, de apenas 95 segundos de duración, se resumen las características de Wikicardio.

¿Cómo se hizo?

El camino que llevó a la construcción de este “primer sitio web gratuito en español con información confiable sobre temas cardiológicos en forma sintética y comprensible“, según la SAC, fue un estudio realizado por un grupo de especialistas del Consejo de Epidemiología y Prevención Cardiovascular de ese organismo sobre 1.135 pacientes, del que surgió que “prácticamente la mitad de los usuarios de la web (el 45,4%) no confía en los contenidos sobre salud, pero llamativamente, el 57,8% reconoció que la información hallada podría influir sobre sus conductas. Además, 8 de cada 10 encuestados (79,3%) manifestaron que les gustaría contar con una página web avalada por su médico en la que pudieran obtener contenidos confiables“, según se informó.

Más tarde, sobre la base de los resultados obtenidos el equipo de la SAC identificó los términos sobre cardiología más buscados en la web, “y se les solicitó a 145 profesionales prestigiosos pertenecientes a los 20 Consejos Médicos de la SAC que desarrollaran con absoluto rigor científico pero en palabras accesibles el significado de cada uno de ellos y de las enfermedades más prevalentes de cada subespecialidad“.

Wikicardio contiene más de 200 temas cardiológicos “a los que se puede acceder por búsqueda manual, mediante un índice alfabético o a través de su buscador, desde 400 entradas diferentes“, y ofrece “datos respaldados por estudios clínicos internacionales sobre los principales 100 fármacos de uso frecuente“.

Publicado por Alejandro Marticorena el

Lo bueno de editar un blog con la historia que tiene Tendencias Digitales (en febrero cumpliremos nueve años) es que uno ya dispone de un importante archivo con producción propia.

Entonces, muchas veces se puede tener noción de cuánto hace que ciertas cosas, que parecen muy nuevas, en realidad tienen su origen en hechos (o anuncios) que datan de años atrás.

Es lo que sucede, por ejemplo, con notas como las que se comentan aquí. Se informa que la compañía surcoreana Samsung acaba de patentar “dispositivos móviles que se pliegan y se enrollan“, a partir de información publicada al parecer originalmente en el sitio Patently Mobile.

En efecto, la información difundida asegura que “se trata de móviles capaces de enrollarse y plegarse“, entre los cuales hay “un teléfono inteligente que puede doblarse en distintas secciones para entregar diversas funcionalidades, por caso, convertirse en una tablet“.

La cuestión es que, evidentemente, la novedad consistiría “apenas” en el patentamiento de tales dispositivos… pero no en los planes de Samsung.

En este post de hace casi cuatro años comentábamos algunos proyectos que diversas empresas -entre las que se contaba la surcoreana- donde no sólo mencionábamos el proyecto de dispositivos con pantallas táctiles flexibles: publicábamos el video que ves abajo, donde Samsung muestra, como comentábamos por entonces, “ni más ni menos que una tablet con pantalla AMOLED táctil, flexible y transparente. Mejor dicho: una tablet que es una pantalla AMOLED táctil, flexible y transparente“.

Y, claro: Samsung no es ni la única empresa que hace cuatro años (o más) ya pensaba en dispositivos flexibles, ni la única que publicaba videos demostrativos. En ese mismo post que publicamos en 2011 mostrábamos el video siguiente, que Sony ya había puesto online en mayo de 2010.

¿Es que no hay nada nuevo bajo el sol? Sí. Sólo sucede que lo que a primera vista parece nuevo, en realidad no lo es tanto.

Imagen: @Plastic Logic, distribuida con licencia CC BY-SA 2.0.

Publicado por Alejandro Marticorena el 23 Noviembre, 2015

¿Visitaste ya la muestra “Ecosistema de la Comunicación“, en el Espacio Fundación Telefónica?

Si ya fuiste, tendrás motivos para prestarle atención a lo que voy a decir ahora. Y si no… más aún.

Marcello Dantas, el artista brasileño y curador de la muestra, dará una conferencia magistral gratuita en el auditorio del Espacio Fundación Telefónica, Arenales 1540 (Ciudad de Buenos Aires), pasado mañana, miércoles 25 de noviembre, a las 18:30. Ante todo: tenés que  inscribirte aquí para asistir, las entradas estarán disponibles hasta agotar cupo.

La conferencia del curador de “Ecosistema de la Comunicación“, muestra que se inauguró en julio de 2014, disertará sobre la importancia de la evolución tecnológica, la innovación y la transformación en el nuevo contexto digital.

Dantas es un reconocido artista, curador de obras y director de documentales desde 1986. Se graduó en Cine y Televisión en New York University e hizo una maestría en Telecomunicaciones Interactivas en la misma universidad. Estudió Historia del Arte en Florencia y Diplomacia en Brasilia. En sus actividades, altamente multidisciplinares, el arte, la curaduría, la dirección y la producción se juntan en áreas diversas, pero siempre orientadas a la convergencia de Arte y Tecnología. En el 2006 fue el director artístico del Museo interactivo de la Lengua Portuguesa en São Paulo.

Ecosistema de la Comunicación

Basada en la teoría de Marshall McLuhan y montada en colaboración con el sociólogo argentino Luis Alberto Quevedo, la exposición “Ecosistema de la Comunicación” es una propuesta en la cual conviven en armonía diferentes encarnaciones de las comunicaciones, que han generado un cambio de comportamiento en el último siglo.

Comprende un recorrido que parte del telégrafo y atraviesa una lista de objetos que han permitido y permiten la comunicación y han cambiado radicalmente el concepto de tiempo.

La muestra puede visitarse de lunes a sábados, de 14:00 a 20:30, y permanecerá abierta al público hasta el  4 de diciembre.

Publicado por Equipo de Tendencias Digitales el 3 Noviembre, 2015

Desde que el mundo es mundo, (o al menos desde que el mundo que conocemos es el mundo que conocemos), la publicidad es un componente absolutamente normal dentro de la oferta de un contenido.

Así, si estamos mirando un programa de TV, es usual que veamos -y hasta esperemos- el corte que nos permita hacer una pausa para ir al baño o buscar una nueva bebida. Si estamos mirando una revista, es habitual que tengamos que pasar varias páginas de publicidad hasta llegar al contenido que nos interesa, y si estamos escuchando la radio, nadie se sentirá sorprendido si la voz de los conductores cede su lugar a engoladas propuestas que nos invitan a disfrutar de un viaje o de una bebida gaseosa.

Las cosas, sin embargo, no son tan simples en el mundo digital, donde varios coinciden en usar la metáfora del gato y el ratón para ilustrar una suerte de carrera o competencia que se ha empezado a dar entre editores de contenidos y programas o plugins bloqueadores de publicidad online.

El primer paso lo dieron bloqueadores como Crystal, Blockr o Purify, que garantizan una “mejor experiencia” de navegación en la web bloqueando avisos indeseados y ponen en manos del usuario autorizar o no a determinado sitios web a que le muestren publicidad.

Además (o como consecuencia) de evitar la “molestia” de tener que ver avisos que uno no ha pedido y de impedir la instalación de cookies u otros programas de rastreo de la actividad del usuario (conocidos como adware), estos bloqueadores garantizan mayor velocidad en la navegación y (si trabajamos con una laptop) una mayor duración de la batería de nuestro dispositivo.

Una paradoja notable

Hasta aquí, todo sería bárbaro… si no fuera porque -paradójicamente- la publicidad es la que paga gran parte de los sueldos de quienes generan todo ese contenido –noticias, videos, columnas de opinión, etcétera- que vinimos a buscar a la web.

Más aún: en muchos casos… ¡es la que mantiene a los sitios funcionando! Preocupados por una situación en la que, según un informe reciente publicado por Mashable, el número de usuarios de bloqueadores de publicidad aumentó en un 41% en 2014, los editores han comenzado a dar batalla. No es para menos, si es cierto que, como la misma nota informa, los 300 millones de personas con este tipo de aplicaciones en sus dispositivos hicieron perder a la industria ingresos por 22.000 millones de dólares solamente el año pasado.

Como muchos señalan, los dólares (o pesos) de la publicidad son la sangre misma del sistema de contenidos gratuitos en Internet, razón por la cual esta hemorragia de dinero que se pierde por los bloqueadores podría poner en crisis a todo el sistema.

Los que desbloquean bloqueadores

Esta es la razón por la que, con la misma velocidad con que aparecieron los bloqueadores, han comenzado a aparecer sistemas que los detectan y usan vías alternativas para que la publicidad llegue a nuestros ojos. “Una de las más recientes es Yavli”, explican en esta nota.

Yavli desarrolló una herramienta que permite mostrar enlaces relacionados “saltándose” las barreras de los bloqueadores de anuncios. Esta tecnología “se ejecuta en cientos de páginas web, entre los que podemos encontrar The Daily Caller o sites más pequeños como GameZone sigue la nota.

Entre otras estrategias para defenderse de los ad blockers está la recientemente implementada por el Washington Post, que cuando detecta un bloqueador de publicidad impide al usuario ver el artículo hasta que acceda a suscribirse a los newsletters del diario. El mensaje es claro y directo: “tenés un bloqueador de publicidad activo. Ingresa tu dirección de e-mail para liberar (unlock) esta historia” dice el cartel que oculta el contenido al lector.

Más allá de cómo vaya a terminar esta batalla, parece claro que será necesario encontrar formas más creativas para que la publicidad sea lo suficientemente segmentada y selectiva de modo que llegue a los ojos y oídos de quienes realmente puedan estar interesados en ella, evitando al mismo tiempo a quienes no quieran saber nada del asunto.

Y esto, en un marco en que los días de la publicidad invasiva, que se metía sin pedir permiso en nuestras vidas, parecen estar definitivamente contados.

¿Alguna idea sobre cómo hacer para garantizar la supervivencia de los contenidos gratuitos sin invadir ni molestar al usuario? Espere, no nos la diga ahora. Vamos a un corte, y enseguida volvemos.

Imagen: @PublicDomainArchive, distribuida con Licencia CC0 1.0.

Publicado por Alejandro Marticorena el 27 Octubre, 2015

Hace unos días, Chema Alonso, CEO de ElevenPaths (empresa de seguridad informática filial de Telefónica) dio una conferencia en el Espacio Fundación Telefónica donde se refirió al modo en que las tecnologías de cloud computing y el Big Data son capaces de analizar las aplicaciones móviles que se suben a Internet (en este link, el video de la transmisión completa vía Ver más

Publicado por Equipo de Tendencias Digitales el 23 Octubre, 2015

Casi todos hemos oído hablar, en algún momento reciente, de las bitcoins. Puede haber sido alguna mención al pasar de un pariente o amigo “techie”, o puede incluso haber sido alguna nota en los diarios que hablaba de esa nueva (en realidad, no tan nueva) y extraña (en realidad, no tan extraña) criptodivisa concebida en 2009 por Satoshi Nakamoto.

Sin embargo, y más allá de que muchos suelen hablar de ellas, pocos saben o entienden en realidad de qué hablamos cuando hablamos de bitcoins, por lo que hoy nos proponemos hacer una pequeña introducción de este interesante exponente de la economía 2.0.

Empecemos por el principio

¿Qué es una bitcoin? Según el mismísimo sitio web bitcoin.org, se trata de “una innovadora red de pagos y una nueva clase de dinero”, que se basa en las tecnologías peer-to-peer (que significa “entre pares”) para operar sin la necesidad de que exista una autoridad monetaria central o un banco.

Como se trata de una moneda descentralizada, las bitcoins no pertenecen a ningún país, no están respaldadas por ningún gobierno ni dependen de ningún emisor central. A diferencia de monedas como el dólar o el peso, que son emitidas por un Banco Central que responde por su valor, éstas son creadas mediante un un sistema de prueba de trabajo (también conocido como “sistema POW”) que simula el trabajo habitualmente desarrollado por la minería.

Los “mineros” que buscan obtener estas monedas digitales, dedican sus recursos de tiempo, energía y procesamiento para resolver un desafío criptográfico complejo. El minero que dé con la solución de este problema matemático es “premiado” por la red con un número predeterminado de bitcoins.

¿Cuánto vale una bitcoin?

Como sigue en su explicación el sitio bitcoin.org, “el precio de un bitcoin es impredecible, puede aumentar o disminuir en un corto período debido a su joven economía, su carácter novedoso y, en ocasiones, mercados ilíquidos”. Por esta razón, el mismo sitio desaconseja mantener los ahorros en bitcoins, a menos que se esté dispuesto a tolerar su enorme volatilidad, y recuerda que muchos proveedores de servicios  permiten convertir esta moneda digital  instantáneamente a su moneda local.

Más allá de esto, el número de comerciantes y personas comunes que están empezando a aceptar a esta criptodivisa va en franco crecimiento, y existe la posibilidad de consultar on line el directorio de potenciales receptores de bitcoins.

En cualquier caso, conviene saber que el uso de esta moneda se basa en patrones distintos a los que conocemos habitualmente, y existen cuestiones de cierta complejidad que es preciso conocer antes de aventurarse en esta nueva manera de pagar y cobrar. La elección de un “monedero” para mantener las bitcoins es una de ellas, ya que uno de los primeros pasos para incorporarse al sistema será el de elegir la plataforma que permitirá manejar el “cash” desde nuestro dispositivo móvil o desde nuestra computadora.

Si bien el futuro de las bitcoins es incierto y nadie sabe por hora si se trata de la moneda del futuro o de un experimento sin demasiada proyección, es cierto que el fenómeno ha generado ya el impacto suficiente como para que nos ocupemos de él.

Veremos cómo evolucionan las apuestas (simbólicas y reales) por esta nueva divisa, tan novedosa como enigmática.

Imagen: @Antana, distribuida con Licencia CC BY-SA 2.0.

Publicado por Equipo de Tendencias Digitales el 20 Octubre, 2015

Una de las formas más crueles y punzantes que el dibujante y productor televisivo Matt Groening, autor de Los Simpsons, tuvo para criticar ciertos hábitos de la familia media estadounidense en los 80 fue mostrar a todos sus miembros sentados e “idiotizados” frente al televisor.

No en vano, durante mucho tiempo, se llamó al rey de los aparatos hogareños “la caja boba”, una nominación que sorprendente y sugestivamente ha cambiado en los últimos años por la de su opuesta “Smart TV”.

Y es que, de hecho, la televisión que conocemos hoy poco o nada tiene que ver con la que tradicionalmente miraron nuestros padres y abuelos, sujeta a horarios inamovibles, a una programación única y a una oferta de contenidos que, a la luz de los que disponemos hoy, parece extremadamente reducida y pobre.

Hace poco más de un año, como panelista de la primera edición de Mediamorfosis, el periodista argentino Reynaldo Sietecase desafiaba a la audiencia, a propósito del caso Vorterix, y proponía: “tomen a cualquier adolescente y pregúntenle si mira televisión. Se van a sorprender con la respuesta”.

En realidad, es posible que los chicos sigan mirando productos televisivos, solo que no necesariamente lo hacen a través del televisor. Tablets y celulares han reemplazado en buena medida al medio privilegiado para el consumo de contenidos en video.

Cambios en las audiencias, cambios en el consumo

Gracias a la conexión de los Smart TV a Internet, el televidente de hoy se ha acostumbrado a consumir contenidos como quiere y donde quiere, y esa idea folletinesca de esperar hasta la próxima semana para ver cómo sigue una historia ha quedado definitivamente enterrada cuando Kevin Spacey decidió, junto a Netflix, lanzar todos los capítulos de House of Cards en forma simultánea, para que cada uno decidiera cómo y a qué velocidad consumiría la serie. Quien quisiera ver todos los capítulos en una noche podía hacerlo. Y quien quisiera verlos de a uno por día o de a uno por semana, también.

Naturalmente, esto altera de raíz la lógica tradicional de los medios masivos de comunicación. Y representa un reto (y un dolor de cabeza, claro) para programadores y publicistas, que ya no dispondrán de una audiencia cautiva esperando pacientemente que ellos les digan qué ver y cuándo verlo.

Según una investigación de Digital TV Research, comentada recientemente por el medio especializado Señal Internacional, “el número de televisores conectados a Internet alcanzará 876 millones en 2020, más del doble en relación a los 415 millones esperados para finales de 2015”.

Más allá de que los fabricantes de SmartTV parecen los grandes ganadores de esta transformación, existen algunos desarrollos, como el de Apple TV, que permiten disfrutar de contenidos alojados en la nube sin necesidad de tener en casa un dispositivo tan costoso. Por un costo de entre 150 y 200 dólares, Apple TV no solo permite disfrutar de contenidos de Netflix, Youtube o Hulu sino además ejecutar una gran cantidad de juegos y aplicaciones, que como se sabe han sido una de las claves para el crecimiento del iPhone o el iPad. No en vano, el CEO de Apple, Tim Cook, dijo que “la televisión del futuro son las apps”.

Como se ve, atrás, muy atrás, ha quedado la imagen de toda una familia mirando la tele. No porque ya no se pueda disfrutar en conjunto de una buena película, sino porque, si bien eso podrá ocurrir como excepción, la TV conectada tiene hoy un sinfín de sugerencias y propuestas adecuadas a cada gusto y a cada espectador.

¿Cómo sigue la historia? Es difícil saberlo por ahora. Y no hay spoiler capaz de anticiparlo.

Imagen: @VIA Gallery, distribuida con Licencia CC BY 2.0.

Publicado por Equipo de Tendencias Digitales el 15 Octubre, 2015

Cuando hace algunas semanas comentamos el caso de Salman Kahn y su revolucionario método de enseñanza, dijimos que “Kahn no está solo” en esto de cuestionar los sistemas educativos tradicionales y ofrecer alternativas que, a juzgar al menos por la velocidad con que son aceptadas, parecen ampliamente superadoras de la histórica tiza y el gastado pizarrón.

Hablábamos entonces también de los MOOC y de algunas experiencias que se han desarrollado alrededor de estos recientemente. Pero, ¿qué son exactamente los MOOC? ¿Quiénes los ofrecen? ¿Es todo color de rosa en el universo MOOC? Veamos.

Algunos números, algunas ideas

Lo primero que hay que decir es que para que una propuesta de enseñanza pueda ser considerada un MOOC hecho y derecho debe cumplir con los requisitos que la propia sigla expresa. Es decir que deben ser “Masivos” (Massive), “Abiertos” (Open), “Online” y, además, deben ser “Cursos”, es decir que no se considerará dentro de esta clasificación a sistemas de consultas, foros u otras modalidades que no hayan sido concebidas con un principio y un fin.

Si bien es difícil precisar la aparición del primer MOOC, existe cierto consenso acerca de que 2008 fue el año en que se utilizó por primera vez este nombre para identificar un método específico de enseñanza. Como se ve, se trata de una metodología que aún no ha cumplido su primera década de vida a pesar de que ha tenido un crecimiento exponencial en muy poco tiempo.

Según datos de 2013, aportados por Coursera, una de las más grandes compañías que desarrollan y alojan MOOCs en el mundo, en poco más de un año esta firma había creado 328 cursos, provenientes de unas 62 universidades en 17 países.

Al día de hoy, la compañía declara 15.634.844 estudiantes y 1.462 cursos, originados por 133 instituciones, aunque el contador varía día a día. ¿Los temas? Desde nutrición equina hasta improvisación en jazz, todos o casi todos los que uno pueda imaginar.

Por su parte, Miríada X (una iniciativa conjunta entre Telefónica y el Banco Santander, de la que hablamos oportunamente), es otra de las plataformas que están liderando el desarrollo y la oferta de MOOCs, pero enfocada en el mundo hispanoparlante. Informa que tiene más de 1.600.000 alumnos registrados y 1.469 profesores provenientes de 64 universidades.

Así, tal como explicó recientemente en una nota el blog colega “A un clic de las TIC”, los MOOC se presentan como una respuesta posible a una demanda de educación que, es muy difícil de satisfacer por los medios tradicionales.

En este sentido, la nota refleja la opinión de Yuma Inzolia, líder de MiriadaX y gerente de Impacto social y proyectos especiales de Telefónica Educación Digital. Al respecto expresó, en el marco de la Cumbre de líderes mundiales por la educación celebrada en Bogotá en septiembre pasado, que “para 2025 se prevé que habrá por lo menos 80 millones de personas más que demandarán educación superior”.

¿Serán los MOOC la respuesta a los grandes desafíos  educativos del siglo XXI? ¿Será este el fin de las universidades tal como las conocimos quienes nos graduamos hace más de una década? Las preguntas están formuladas. Las respuestas irán llegando, a medida que pase el tiempo.

Imagen: @Wolfgang Lonien, distribuida con Licencia  CC BY – SA 2.0.

Publicado por Equipo de Tendencias Digitales el 14 Octubre, 2015

La historia de las guerras y la de los medios de comunicación han recorrido, al menos durante los dos últimos siglos, caminos paralelos. Y es que, así como a veces escuchamos  decir que en toda guerra la primera víctima suele ser la verdad, la comunicación es una herramienta clave de cualquier táctica bélica, y en general es usada tanto para manipular la información como para difundir propaganda, realizar espionaje o engañar a las tropas enemigas.

En efecto, como explica en su blog el autor Andy Bermellón Campos las últimas grandes guerras de la humanidad han tenido, cada una de ellas, un  medio característico que, además de marcar una época, ha sido la “estrella” de cada conflicto.

La primera guerra mundial tuvo, en este sentido, a la prensa gráfica como medio de comunicación fundamental, mientras que en la guerra de 1939 a 1945 fue la radio la herramienta comunicacional clave, que permitió a todos los pueblos involucrados seguir el día a día de las batallas y recibir tanto las buenas como las malas noticias.

Después vendría la TV para la guerra de Vietnam, Internet para la del Golfo y hasta YouTube para el Estado Islámico, que realiza puestas en escena de corte casi cinematográfico para viralizar en minutos sus brutales asesinatos.

Aunque éste parece ser el último paso de la comunicación bélica, una noticia reciente parece mostrar que la última palabra está lejos de ser dicha en lo que a guerra y comunicación se refiere.

Ya no se trata de grandes dispositivos, sino de usar los propios huesos como herramientas de comunicación.  Tal como se explica aquí, el sistema desarrollado por BAE Systems y presentado recientemente en la convocante muestra Defense and Securiry Equipment Internationalestá basado en una nueva tecnología de radio que permite a los combatientes hablar entre sí usando sus huesos para transmitir y escuchar los mensajes, saltando la oreja y el tímpano y llegando directamente al oído interno. La tecnología convierte las ondas sonoras en vibraciones que se envían a través de los huesos del cráneo directamente a la cóclea, traduciéndose en impulsos nerviosos que el cerebro entiende”.

Sobre este mismo tema, Fox News explicó que el dispositivo que permitirá a los combatientes enviar y recibir mensajes utilizando sus huesos tiene el peso y el tamaño de una moneda, y ayudará a un doble fin, que es el de facilitar el envío y recepción de mensajes en medio del ruido de bombas y explosiones por un lado, y el de permitir a los combatientes llevar protección auditiva sin necesidad de desprenderse de ella para escuchar mensajes de radio, como ocurre hasta hoy, por el otro.

Si bien la guerra suele ser la gran impulsora de muchos descubrimientos tecnológicos (como por ejemplo el radar), sabido es que éstos quedan luego para la humanidad y terminan muchas veces beneficiando a mucha más gente que aquella a la que ayudaron a matar.

Desde este punto de vista -y posiblemente solo desde este punto de vista- es una buena noticia que la tecnología de las comunicaciones siga dando grandes pasos adelante, aunque momentáneamente lo haga en el nombre de la guerra.

Imagen: @SpiritBunny, distribuida con Licencia CC0 1.0.

Publicado por Equipo de Tendencias Digitales el 13 Octubre, 2015

Para quienes vivimos en la ciudad, la relación con los animales fue siempre un tema complejo. Más allá de un pequeño perro o gato, que podemos albergar en nuestro hogar no sin ciertos sacrificios, la oportunidad de ver de cerca, para conocer y reconocer la vida animal, es una especie de “lujo” reservado a aquellos que se puedan regalar cada tanto un viaje al Caribe para bucear o un safari a algún sitio lejano para ver especies que, de otro modo, solo aparecen en los documentales.

Sin embargo, esta situación está a punto de cambiar de la mano de algunos desarrollos tecnológicos que pueden acercarnos de manera hasta hace poco impensada a la vida y el conocimiento de especies lejanas. Veamos

¡Tiburón!

A pesar de que recientemente circuló la noticia de que muere más gente por tomarse selfies en situaciones riesgosas que por los ataques de tiburones, los escualos siguen siendo, para muchos de nosotros, animales de temer y a los que hay que mirar de lejos.

Y ésa es justamente la idea de Shark Net, una red y una aplicación desarrolladas por la Estación Marina Hopkins que permite etiquetar y “seguir” tiburones desde la comodidad de nuestro living. Tal como reseña una nota reciente del diario El País, la app permite a los usuarios poner nombre a los tiburones. Cada animal cuenta con una biografía y una tarjeta de presentación con su foto. Algunos disponen también de modelos interactivos en 3D y vídeos en tiempo real para conseguir que el usuario se familiarice más rápido con su nueva mascota”.

Otra de las aplicaciones mencionada por la nota es Osearch, que puede seguir por los océanos a unos 47 ejemplares de tiburón gracias a un sistema de sensores que ubican en tiempo real sus posiciones con un altísimo grado de exactitud. Para identificar a cada tiburón, Osearch hace lo mismo que cualquiera de nosotros: les pone un nombre. Así, es posible rastrear satelitalmente y en tiempo real a Yolanda, Oprah, Esperanza o Wyatt, todos tiburones (y tiburonas) que posiblemente estén desayunándose un pequeño pez mientras escribimos estas líneas.

El canto de los pájaros

Si cambiamos de ámbito y salimos del mar por un momento, veremos también que las aves del cielo han merecido la atención de los desarrolladores. La app denominada Guía de las aves e itinerarios ornitológicos de España (un nombre quizás largo para una app) fue creada con el objetivo de informar a quien esté interesado sobre la vidas, conductas y el estados de conservación de unas 563 especies de aves que atraviesan el territorio español en forma habitual u ocasional.

Sin embargo, si lo que uno quiere es saber a qué ave pertenece ese canto magistral que acaricia el oído, lo ideal es que se sirva de Warblr. Al grabar el trino de un pájaro con el celular, la aplicación buscará en su base de datos con qué canto coincide (tal como si fuese una suerte de Shazam de la ornitología) y brindará al observador imágenes y descripciones que le servirán para conocer más de cerca al plumífero amigo.

Como se ve, la vida salvaje ya no está tan lejos como parece. Desde seguir un tiburón por la profundidad del océano hasta reconocer un pájaro con solo escucharlo cantar, la tecnología está acercándonos día a día nuevas posibilidades que hubieran sido la envidia del mismísimo Jacques Cousteau.

Imagen: @Elias Levy, distribuida con Licencia CC BY 2.0.

Acerca de
Tendencias Digitales es el primer blog corporativo de Telefónica de Argentina. Desde 2007 analizando tecnología, empresa y sociedad en la era de los medios sociales
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